Los exilios de la muerte

Afrontar el tránsito de nuestras formas humanas es tal vez el mayor de los misterios que tenemos que resolver. Por un lado tenemos las creencias religiosas, variadas y mutantes según el tiempo y el lugar. Por otro tenemos las creencias sociales predominantes en nuestro entorno, bien sea de familia, grupo o sociedad, en las que vivamos o hayamos vivido y que nos hayan impregnado. Y por otro, las propias, según las hayamos desarrollado en el fruir de nuestras reflexiones, lecturas, experiencias o meditaciones.

Llegamos a un punto donde todo es duda. La primera fase. Podemos huir, refugiarnos en un valor “seguro”, o simplemente afrontarlo. La segunda fase. Tendremos o bien el olvido y dolor posterior, un consuelo permanente pero inseguro, o el agobio de nuestra fragilidad. Por supuesto, la tercera fase será para los que optemos por ésta última opción. No es fácil. No hay más respuestas que las que nos demos y encontremos, si las encontramos.

Solo puedo deciros que tal vez todo sea mover, fluir, rehacer, caminar, seguir existiendo. Todo es cambio, somos mutables. Esto es lo único seguro.

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