Muerte, filosofía, esperanza

La reflexión sobre la muerte es imprescindible. Hay una paradoja que resolver. Lo decían los estoicos, lo dice el budismo. Está en el esoterismo, está en el arte, está en la poesía. Abundan las citas. Dice Neruda:

“Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro”

Y Espronceda,

“En mi la ciencia enmudece,
en mi concluye la duda
y árida, clara, desnuda,
enseño yo la verdad”

Esa verdad oculta, recóndita, simple, que plantea el misterio, que deseamos no ver, hemos de afrontarla. Meditemos sobre nuestro funeral, como dice Saraydarian, hagámoslo sin miedo, sin tapujos, con realismo.

En todo éste proceso, en ese túnel oscuro, hay una luz al final. La preparación es difícil, pero no imposible. La doctora Kübler-Ross, describió un modelo en esa última etapa. Por eso he puesto en el título la palabra esperanza, ¿acaso no es el mejor consuelo?

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