Los efectos terapeúticos de la meditaciòn (V)

La cuestión de fondo es, ¿disfrutan los meditadores expertos de mejor salud que el resto de la población y se puede demostrar? Entendemos por meditadores expertos, aquellos que acumulan cientos o miles de horas de práctica. Aquí hay dos cuestiones. La primera que los estudios llevados a cabo hasta la fecha, a pesar de no ser óptimos desde el punto de vista científico, se limitan a estudiar períodos de tiempo cortos. Las razones son sus costes en recursos humanos y materiales. Y la segunda, y aquí me baso en mi experiencia personal, a lo largo de los años de práctica, la forma o sistema utilizado no solo puede cambiar sino que incluso podemos llegar a experimentar diversos métodos a lo largo del tiempo.

Por otro lado la mayoría de los estudios están hechos en occidente. Hay varios motivos. La ubicación de los principales centros de investigación, por ejemplo. Otra cuestión, nada desdeñable, son los significados de espiritualidad y religiosidad. En nuestra cultura judeocristiana existe, más o menos, un consenso entendible por la mayoría de las personas sobre lo que quieren decir, en cambio en oriente, no. Hay muchas variables, no solo el lenguaje, sino la etnia y la cultura, de cada lugar, y el entorno y tradición propias. Tener en cuenta que los estudios a que me refiero, se apoyan mucho en encuestas (por ejemplo el MOS SF-36 ), y en valores estadísticos obtenidos de las mismas. Si se interpretan mal, tenemos lo que se llama sesgo o error metodológico. Por otra parte, en occidente esos valores obtenidos, se pueden contrastar con los obtenidos sobre la población en general, a través de estudios generales, cosa que en algunos países de oriente resulta imposible.

Dos puntos de análisis más. Muchos estudios analizan grupos de personas occidentales, que practican métodos de origen oriental. Por lo que podemos decir que esas prácticas han adoptado unas modalidades occidentalizadas o modificadas. Se trata de una situación de difícil valoración, sobre todo para los investigadores que desconocen los orígenes y evolución reales. Por otra parte, y ya que hablamos de occidente, hay muchos estudios que analizan la relación beneficiosa entre religiosidad y salud, dignos de mención. Por ejemplo, un estudio publicado en el 2001, en el “Journal for the scientific study of religión”, realizado con 1400 pastores presbiterianos en EU, encontró que sus patrones de salud, referidos a la normativa americana, eran en promedio muy buenos.

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