Relajación

Una solución antigua para poder superar o combatir el estrés, es la relajación. Afortunadamente sus técnicas se enseñan en centros educativos, deportivos y laborales

Hay un procedimiento basado en el binomio tensión-distensión, muy útil para principiantes que consiste en aplicarlo a las diferentes partes del cuerpo:
Se empieza por las manos, brazos y antebrazos. Cerrando los puños, tensando los bíceps y antebrazos, unos segundos, y luego dejarlos sueltos, experimentando la diferencia entre un estado y otro.

El siguiente paso es arrugar la frente, unos segundos y luego dejarla ir, desarrugarla. Hacer lo mismo con el entrecejo. Luego con los párpados. Después con la mandíbula. Siempre apretando, aguantando unos segundos, y luego relajándolos. Hay que sentir la variedad entre un estado y otro.

Hacemos lo mismo con los hombros, arqueando la espalda como si fuéramos a hacer una inspiración y luego relajándolos. Siempre experimentando la diversidad de estados.
Seguir con el torso y el estómago. Apretamos los músculos abdominales y luego los soltamos.

Acabamos con los pies, tensionando los dedos hacia arriba y luego soltándolos. Lo mismo con los muslos y las pantorrillas.

Hay que tener en cuenta que no hay que forzar la tensión muscular. Cuando cerramos los puños, no hace falta apretarlos en exceso, solo lo necesario para sentirlos tensos, y luego al soltarlos notemos la diferencia. Este método es muy sencillo y resumido. Pero se puede profundizar aun más, combinándolo con la respiración. Por ejemplo, podemos dirigir suavemente la atención a la sensación de las manos, pensando con claridad que las vamos a aflojar más y más y ahora hacemos mentalmente el gesto interno de relajarlas, mientras espiramos. Aun cuando pensemos que están ya bien relajadas y que no podemos conseguir más, no importa, insistamos. Precisamente en este esfuerzo suplementario y aparentemente inútil reside uno de los secretos del éxito en la relajación profunda. Vamos por tanto repitiendo estos cuatro pasos, varias veces, prolongando el estado de relajación en cada una de las partes. Se puede empezar con tres respiraciones por cada órgano, durante una semana, y después subir a cinco, durante otra, y así sucesivamente, hasta que adquiramos suficiente soltura. Entre ejercicio y ejercicio podemos hacer una pequeña pausa de uno o dos minutos, y aprovecharlo para observar el estado del cuerpo en general y de las extremidades en particular. Es decir tomar conciencia de la relajación completa del organismo. No importa que al principio nos cueste bastante. A medida que se practica se va reduciendo el tiempo en que se consigue la relajación paulatina de los músculos, y de la totalidad del cuerpo.

Dice Antonio Blay que:

La relajación, para llegar a ser correcta y total, ha de reunir necesariamente estas condiciones básicas:

1ª. Progresiva distensión de todos los músculos, superficiales y profundos.

2ª. Total tranquilización emocional.

3ª. Cese de todo movimiento mental, o sea de todo pensamiento, imagen o idea.

4ª. En ningún momento se ha de perder la conciencia. Actitud positiva de la atención-voluntad que
constantemente dirige el proceso de relajación progresiva a lo largo de toda su duración, y que cuando se
alcanzan las fases adelantadas se convierte en conciencia-testigo o atención central.

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